espondiloartritis en mujeres

Espondiloartritis axial en mujeres

Las espondiloartritis o espondiloartropatías son un conjunto de enfermedades reumáticas que afectan al esqueleto, fundamentalmente a la columna vertebral y a las articulaciones sacroilíacas del final de la columna, aunque también pueden afectar a las articulaciones periféricas. En algunos casos, de igual modo se pueden ver afectadas otras zonas del cuerpo, como la piel, el aparato digestivo, el aparato urinario, los ojos o el sistema cardiovascular.

Si bien la espondiloatritis axial (EspAax) se ha considerado históricamente una enfermedad predominantemente masculina, las recientes publicaciones han mostrado que afecta a hombres y mujeres por igual, con una sintomatología diferenciada en función del sexo que es necesario atender para que el diagnóstico se produzca lo antes posible.

Espondiloartritis axial: no radiográfica y radiográfica

En la EspAax el síntoma principal es el dolor de espalda inflamatorio que tiene la particularidad de mejorar con el ejercicio y de empeorar con el reposo. Este suele mostrarse también por la noche y su aparición se produce de forma progresiva. El número de personas afectadas es similar a la artritis reumatoide, con una prevalencia del 0,3-1,3% de los adultos, lo que supone unas 500.000 personas afectadas en toda España. El inicio de la enfermedad suele producirse entre los 30 y 40 años de edad.

Espondiloartritis axial es una denominación genérica que engloba la EspAax no radiográfica (EspAax-nr) y la EspAax radiográfica, también conocida como espondilitis anquilosante. Los pacientes con ambos tipos de EspAax experimentan una carga similar de la enfermedad, con una gran afectación en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el laboral.

EspAax no radiográfica

En la EspAax-nr, al contrario que en la espondilitis anquilosante, la enfermedad no ha provocado la osificación o anquilosis de las articulaciones de la columna o sacroilitis (inflamación de las articulaciones sacroilíacas en la parte final de la espalda) que se hace evidente a partir de una radiografía, pero puede presentar inflamación detectada por resonancia magnética. De los pacientes afectados por la EspAax-nr un 10-12% progresa hasta la espondilitis anquilosante, con sacroilitis radiográfica definitiva. De ahí la importancia de un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado.

Espondilitis axial radiográfica

La espondilitis anquilosante puede considerarse parecida a la EspAax-nr en su presentación, aunque el nivel de actividad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento pueden ser diferentes. En la espondilitis anquilosante la inflamación progresa hacia cambios estructurales definitivos en las articulaciones afectadas, lo que provoca un creciente grado de rigidez. Esta osificación de ligamentos y discos intervertebrales es detectable por medio de radiografías. En cualquier caso, los síntomas son muy variables entre pacientes, tanto en su intensidad como en su evolución. Se suelen alternar periodos de actividad de la enfermedad, con periodos de menos molestias.

Varios factores se asocian con una mayor progresión hasta la EspAax-r/EA, entre ellos, el daño estructural inicial en la zona sacroilíaca, la presencia de un marcador de actividad autoinmune (el HLA-B27) y la presencia de inflamación activa. Finalmente, el tabaquismo, la enfermedad en personas jóvenes y el sexo masculino se relacionan con una mayor progresión de la enfermedad hasta EspAax-r/EA.

Espondiloartritis axial en la mujer: dolor generalizado

Si bien en ambos sexos la aparición de los síntomas y el establecimiento del diagnóstico se producen en edades similares, el inicio de la enfermedad puede variar significativamente en función del sexo, por lo que se puede decir que existe una espondiloartritis axial en mujeres bien diferenciada.

En las distintas manifestaciones de la enfermedad en función del sexo parecen influir condicionantes genéticos. También, las hormonas sexuales pueden desempeñar un papel en las diferentes manifestaciones de la enfermedad. Finalmente, las diferencias anatómicas de la columna entre hombres y mujeres podrían tener cierta relevancia en las diferencias de la enfermedad.

Aunque los pacientes masculinos con espondiloartritis presentan más daño radiográfico, se sabe que las mujeres tienen más afectación en su calidad de vida y ven más impactado el desempeño de sus actividades cotidianas. De este modo, las mujeres suelen presentar una mayor actividad de la enfermedad, más dolor generalizado, afectación periférica (dolor en las articulaciones y en la unión de huesos y tendones o entesitis), fatiga, enfermedad inflamatoria intestinal y deterioro funcional, siendo menos probables los síntomas clásicos de la enfermedad, relacionados básicamente con la espalda.

Además, la cantidad de pacientes con EspAax que también padecen fibromialgia es elevada, siendo más numerosos los casos en mujeres. La combinación de las dos patologías puede suponer una merma todavía mayor en la calidad de vida.

En este contexto, de las encuestas que se han llevado a cabo con pacientes de diferentes enfermedades crónicas degenerativas −incluyendo las enfermedades reumáticas− el doble de mujeres califican su estado de salud como malo o muy malo, en comparación con los hombres. A todo ello contribuye −especialmente en la espondiloartritis axial− un diagnóstico más tardío en las mujeres.

En el deterioro de la calidad de vida también hay que incluir una mayor afectación psicológica en las mujeres, especialmente en lo referente a episodios de ansiedad, trastornos del sueño y depresión.

Prevalencia y diagnóstico

En el caso de la espondiloartritis axial no radiográfica, hasta dos tercios de los pacientes son mujeres. Además, el 11% son diagnosticadas erróneamente al principio. De igual modo, esta patología se suele observar en pacientes jóvenes en edad fértil con un diagnóstico más tardío que en los hombres.

Por el contrario, la proporción de hombres con espondilitis anquilosante llega a ser el doble con respecto a las mujeres. El hecho de considerarse una enfermedad masculina hace que los casos femeninos tiendan a detectarse mucho más tarde, con un acceso tardío al especialista y un retraso en el establecimiento de un tratamiento adecuado.

De este modo, en lo concerniente al diagnóstico, existe todavía un margen de mejora para que las mujeres con EspAax sean diagnosticadas correctamente, en el momento óptimo y reciban el tratamiento más adecuado. No en vano, el diagnóstico es uno de los factores que mayor incidencia pueden tener en la evolución de la enfermedad. Según algunos estudios llevados a cabo con un número elevado de pacientes, el retraso en el diagnóstico puede llegar hasta los 8,8 años en mujeres y 6,5 en hombres.

En este sentido, cuanto más inespecíficos son los síntomas, más difícil es establecer un diagnóstico acertado. Por ejemplo, las pacientes que cuentan con dolor generalizado entre sus síntomas presentan el doble de probabilidades de tener un diagnóstico tardío.

De igual modo, otros factores relacionados con la asistencia médica pueden determinar un mayor retraso en el diagnóstico, como la ausencia inicial de pruebas de laboratorio y síntomas concluyentes, la variabilidad en la interpretación de las radiografías y el elevado número de profesionales sanitarios distintos que pueden acabar atendiendo al paciente. Todo ello conlleva peores resultados en la evolución de la enfermedad, con una respuesta menos favorable al tratamiento.

En definitiva, las mejoras en el conocimiento de la enfermedad y de sus diferentes manifestaciones en función del sexo, tanto en atención primaria, como en las diferentes especialidades médicas involucradas (rehabilitación, traumatología, reumatología, etc.) pueden ayudar a que se produzcan diagnósticos más acertados con una mayor antelación, especialmente en la mujer. Todo ello puede determinar un mejor control de la EspAax, con un tratamiento más efectivo que determine una mejor calidad de vida, haciendo especial énfasis en la disminución del dolor y el aumento de la movilidad.